La morada de la patrona de Atengo
La construcción de la Basílica en honor a la Virgen de la Natividad comenzó en 1953, gracias a la iniciativa del cura Francisco Ramírez y al apoyo decidido de toda la comunidad. El terreno fue donado por el hijo de Monseñor Modesto Sánchez Mayón, en un espacio que anteriormente albergaba las casas de los señores Emilio Acosta y Mauricio Vizcarra. Mediante un acuerdo de permuta, sus propiedades fueron reconstruidas al costado poniente, en lo que hoy se conoce como la calle Chimalhuacán, dejando libre el espacio para levantar el templo.
La obra se convirtió en un verdadero esfuerzo colectivo: el pueblo entero aportó recursos económicos mediante eventos y kermeses, y también colaboró con mano de obra. Los materiales —grava, ladrillos, arena— se acarreaban en carretas o se pasaban de mano en mano, como una cadena humana que cada domingo reunía a vecinos, alumnos, maestros y catequistas. La construcción avanzó como un trabajo de hormiguitas, reflejo de la fe y la unión de Atengo.
Hoy, la Basílica se erige como símbolo de identidad y devoción, testimonio de la fuerza comunitaria que hizo posible su levantamiento.
Cada piedra de la Basílica guarda la huella de quienes la hicieron posible, recordando que la devoción también se construye con manos y corazones unidos.



